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Los mercados
un mundo de sabores,
texturas y colores
Por: L.Victory
Los mercados un mundo de sabores,
texturas y colores

La sociedad de hoy en día valora más, muchas veces, la rapidez y la comodidad al gusto por las pequeñas cosas. Prefiere algo fácil y sin dificultad a algo que implique un esfuerzo digamos mayor a lo considerado normal. Comprar una tortilla de patatas congelada en vez de las patatas y los huevos y dedicar media hora a hacerla, comer fuera de casa por pereza o pedir una pizza son sólo algunos de los ejemplos que podrían citarse. Sin embargo, todavía hay personas que se dejan seducir por otro mundo, el de los sentidos, que, en materia de comida, tiene en los mercados a su mayor exponente.

En Palma hay cinco mercados municipales: Olivar, Pere Garau, Santa Catalina, Camp Rodó y Llevant. Cada uno está situado en un lugar estratégico, ya sea en el centro de Ciutat o presidiendo alguna de sus barriadas. Todos tienen una estrecha relación con su entorno, ya sea en forma de centro neurálgico del barrio por sí mismo o como lugar que da vida a los alrededores.

El mayor de los cinco es el Mercat de l’Olivar. Tiene 144 líneas de venta, es decir, 144 establecimientos diferentes, con una amplia presencia de las pescaderías, algo curioso si se tiene en cuenta que el de Santa Catalina está ubicado en la antigua zona de pescadores de Palma, bastante cerca de la lonja de pescadores. Construido a principios del siglo XX para abastecer a la población del interior de Ciutat, el del Olivar se ha convertido en el mercado central de la capital mallorquina. Está ubicado en la plaza que lleva el mismo nombre, justo al lado de la Plaça d’Espanya, lo que le sitúa en el centro de la ciudad. Sus clientes no son tanto la gente del barrio, un barrio, por otra parte, repleto de comercios más que de casas; sino por los propietarios de restaurantes o los compradores de otras zonas, que prefieren comprar en el del Olivar por ofrecer una amplia gama de productos. Precisamente, la variedad es una de las principales características de este mercado. Quien quiera, podrá encontrar lo que quiera. Como curiosidad, el recinto alberga una pequeña biblioteca pública.

El segundo mercado en importancia es el de Pere Garau, con unas características diferentes. Éste está inmerso en el barrio del mismo nombre, repleto de pisos y con mucha vida propia. De ahí que muchos de los clientes sean de la zona, aunque no todos. Sus precios, más competitivos que los del Olivar, hacen que, puestos a trasladarse, los ciudadanos opten por el Mercat de Pere Garau al resto. En total, tiene 57 puestos, con una clara predominancia de las charcuterías, los salazones y los ultramarinos.

El Mercat de Santa Catalina, construido hace más de 70 años, tiene sólo un establecimiento menos que el de Pere Garau y responde al típico mercado de barrio. Santa Catalina es una zona que todavía conserva la atmósfera de localidad independiente a la gran ciudad, como fue en épocas anteriores, cuando era el primer barrio industrial y extramuros de Palma. La plaza comenzó a ser conocida en la década de los años treinta. Sus principales clientes eran residentes extranjeros, sobre todo vecinos de El Terreno o La Bonanova, una característica que se ha prolongado con el tiempo. Hoy, sin embargo, estos compradores han ido desapareciendo, aunque, en su lugar, han aparecido los propietarios de los numerosos restaurantes de la zona. Las pescaderías, las charcuterías, los salazones, los ultramarinos y los puestos de frutas, verduras y hortalizas tiene una presencia parecida.

Los dos últimos mercados municipales de Palma son bastante más pequeños que los tres anteriores. Su oferta es mucho menor, con 27 líneas de puestos el de Camp Rodó y 17 el de Llevant. Sus clientes son, sobre todo, gente del barrio.

Además de los cinco mercados grandes, en Palma también hay otros más pequeños que suelen abrir un día a la semana. Dentro de esta modalidad están el de Son Ferriol (Plaça Prevere Bartomeu Font, sábados), el baratillo de las Avingudes (sábados) , el de Can Pastilla (Plaça Pio IX, martes y jueves), el de s'Arenal (Av. Amèrica, c/Tamarells y c/Antas de Ulla, miércoles), el de Sa Vileta (Plaça Tarent, viernes) y el del Coll d’en Rabassa (Torre d'en Pau, miércoles), entre otros. Responden a otras características, son más pequeños que los otros y, también, ofrecen otro tipo de productos, no centrados única y exclusivamente en la alimentación.

Fuera de la capital, el resto de localidades de la Isla tiene su mercado semanal. De esta manera, Inca tiene uno de los mayores de la Isla, que abre los jueves de 08:00 a 12:00 horas. Es uno de los más famosos de Mallorca, en especial cuando celebra el Dijous Bo. El resto de la semana, la Part Forana acoge otros mercados. Los lunes, hay en Caimari, Calvià, Lloret, Lluc, Manacor y Montuïri. Los martes, en Alcúdia, s'Arenal, Artà, Campanet, Can Picafort, Llubí, Lluc, Porreres y Santa Margalida. Los miércoles, en Andratx, Capdepera, Colónia de Sant Jordi, Llucmajor, Lluc, Marratxí, Petra, Port de Pollença, Santanyí, Selva, Sencelles, Sineu y Vilafranca. Los jueves, en s'Arenal, Airany, Campos, Consell, Lluc, ses Salines, Sant Joan y Sant Llorenç. Los viernes, en Alaró, Algaida, s'Arenal, Binissalem, Can Picafort, Llucmajor, Lluc, Maria de la Salut Sa Cabanet y, Santa Eugènia El sábado, en Búger, Bunyola, Campos, Cala Rajada, Costitx, Esporles, Lloseta, Lluc, Muro, Santa. Margalida, Santanyí y Sóller. Y, por último, los domingos, hay mercado en Alcudia, Consell, Felanitx, Llucmajor, Lluc, Muro, Sa Pobla, Pollença, Porto Cristo, Santa. Maria y Valldemossa.

Cada uno de los mercados de Mallorca ofrece un mundo diferente repleto de colores, sabores y texturas. Aquel que quiera, podrá encontrarse con esas pequeñas cosas que, aún hoy, persisten a la era de los congelados.


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