Javier Bonet (Mallorca, 1971) es un restaurador diferente que cada día se calza un nuevo sabor, un nuevo proyecto gastronómico para deleitar a un público exigente y cuidado. Desde la experiencia de sus viajes y los años vividos en países como Japón, UK o Italia, este mallorquín reinterpreta cada pequeño detalle en sus platos y cenas con buen gusto y saber hacer en Food Look, su empresa de catering personalizada.
Ningún mercado del mundo se le resiste a Javier Bonet. Él conoce a la perfección cada puesto de verduras o de pescados en Berlín, Estocolmo o Barcelona. Allí donde hay un proyecto o una cena privada, Javier toma un avión desde Madrid, la ciudad donde reside, para comprar en el mercado local los productos mas frescos y de temporada que cocinará esa misma noche para sus comensales.
¿Hay algún primer recuerdo culinario, un primer sabor, un olor?
Recuerdo las croquetas de mi madre y las paellas de mi padre. La verdad es que nunca se puede superar ese primer sabor. Esa, en esencia, es la cultura de la materia prima, de mercado.
Entonces, recuerdas cuál fue tu primer plato..
Por ejemplo, el pescado de mi abuelo. Las cosas sencillas y con la mejor materia prima las llevo en la piel. Hay que mantener la sencillez ante todo.
¿Que queda de la experiencia de vivir varios años en países como Italia o Japón?
La vida en la cocina influye por que siempre estás en contacto con lo mejor de cada país. En Italia viví siete años, en Japón dos años y eso lo plasmo en la cocina. Utilizar las materias primas de cada tierra y respetar la temporada de cada género son básicos en la cocina. Y a partir de ahí, innovar.
¿El humor en la cocina, como los sentimientos, son importantes para innovar?
Desde luego, el humor ante todo personalizado. Nosotros no vendemos un catering en Food Look, sino un concepto personal. Yo trabajo mano a mano con el cliente. Es importante que ellos se sientan partícipes. Si una marca o un cliente necesita expresarse es necesario que la comida esté muy relacionada. A veces, incluso utilizamos actores o nos disfrazamos. La decoración también es muy importante.
¿Cuándo arrancan los sentimientos en tu cocina?
Los sentimientos empiezan desde que trabajo con el cliente mano a mano, cuando te metes en un mercado, buscas algo especial.
¿Cómo nació Food Look?
Después de trabajar en mi restaurante de Palma, Gusto, durante casi cinco años, me ocupé durante dos años del restaurante de comida ecológica de la marca Camper en Inca. Después de esta experiencia, reuní mi trabajo profesional y decidí crear un concepto de restauración, Food Look.
Madrid, Barcelona, Mallorca, ¿siempre estás a punto para una ciudad y unos comensales diferentes?
Ese es mi triángulo laboral. Puedo hacer un catering en cualquier parte. El concepto es montar un restaurante en cualquier lado. Lo primero que hago es ir a la cocina, si cocino en la casa del cliente, luego al mercado y por último crear un menú personalizado.